Nutricion Mexico

 

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martes, agosto 26, 2008

Zinc

Perteneciente a un grupo de micronutrientes que se encuentran en cantidades reducidas en algunos alimentos, el zinc es un elemento químico necesario para la salud, también en pequeñas dosis, pero su presencia en el organismo es fundamental.

Entre sus importantes funciones están: mejorar el sistema inmunológico, ya que contribuye en el correcto trabajo de las células que lo integran. Por lo tanto, cuando las personas poseen óptimos niveles de este mineral en su cuerpo, tienden a enfermar con menos frecuencia.

Asimismo, participa en la transferencia de ADN a nivel celular y hay estudios que abordan el éxito de su administración en pacientes con vih/sida, porque les aumenta su conteo de células protectoras CD4, explica el nutricionista Víctor Manuel Alfonso Mayén, coordinador académico de la Escuela de Nutrición de la Universidad Francisco Maroquín.

En vista de lo anterior, tiene un papel vital en el crecimiento de los niños, sobre todo en la etapa de uno a dos años de edad.

Es así como un pequeño con carencia de zinc, al recibir una adecuada suplementación, recupera su talla. Pero no significa que si se lo atiborra de este producto vaya a crecer más de lo normal, explica la máster en alimentación y nutrición, Alicia Avendaño de Dardón.

Por otra parte, ayuda a la percepción del sabor de los alimentos, de tal manera que cuando hay deficiencia del mismo, se produce desnutrición, ya que la gente deja de comer cuando no puede deleitarse con la comida.

Otros síntomas

Las personas que carecen de este elemento, más aún, quienes padecen enfermedades como cáncer, desnutrición o cirrosis, además de la pérdida de la captación del sabor, reacciones alérgicas y dermatitis, ya que el zinc tiene un papel específico en la barrera protectora que es la piel.

De Dardón indica que poseer las cantidades apropiadas de zinc en el organismo también depende del funcionamiento hepático, porque si el hígado está fallando, su absorción resulta afectada.

¿Cuánto se necesita?

Una persona logra absorber cinco miligramos de zinc al día, la cantidad que requiere para que su organismo funcione adecuadamente. Mientras, un niño necesita dos miligramos por 2.2 libras de peso al día, señala Mayén.

Este micronutriente se almacena en el hígado y los huesos, y aunque existen suplementos específicos para obtenerlo, no hay que automedicarse, porque el exceso puede causar trastornos gastrointestinales, y en el caso del abuso de éste por parte de embarazadas, problemas de nacimientos prematuros o niños con deformaciones.

Los números telefónicos de los profesionales entrevistados son: Alicia de Dardón: 2334-0482 u 84; Víctor Mayén 2338-7894.

Tome nota: Infórmese

Las reservas de zinc en el cuerpo disminuyen cuando se entra a períodos prolongados de ayuno o cuando se sufre de estrés metabólico debido a una enfermedad.

Los fitatos y oxalatos contenidos en los vegetales -también presentes en el té y café- atrapan al zinc y dificultan su absorción.

Es conveniente consumir productos de origen animal como leche y sus derivados que favorezcan su metabolismo.

Cuando las tuberías estaban revestidas con zinc, las partículas que de éstas se desprendían, pasaban al agua y era más fácil obtenerlo.

¿Dónde se encuentra?

Las principales fuentes de este elemento son: pescados y mariscos (crustáceos: cangrejos, camarones, almejas, jutes, conchas).

Carnes rojas, de res y cordero sin grasa; pollo, en especial los muslos y las patas.

Vísceras: hígado de ternera, riñones, mollejas, etc.

Cereales como el germen de trigo; frijoles, habas y nueces.

Multivitamínicos y suplementos protéicos también lo incluyen.

Las pastillas de zinc con distintas concentraciones las prescriben a nivel hospitalario para las deficiencias severas como en el caso de padecer vih/sida, cáncer, lupus, desnutrición.

La mejor manera de adquirirlo es a través de una dieta balanceada: carnes, cereales y vegetales frescos.

http://www.prensalibre.com

 

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martes, agosto 05, 2008

La nutrición en la infancia esta relacionada con la función intelectual en la vida adulta

Autora: Susan Jeffrey
Publicado em 11/07/2008

El seguimiento a largo plazo de hombres y mujeres de Guatemala que de niños participaron en un ensayo sobre los efectos de los suplementos nutricionales sugiere que la mejora de la nutrición en la infancia se asocia con una mejora de la función intelectual en la vida adulta, incluso después de efectuar un control para los efectos de la escolarización.

Los autores del ensayo, encabezados por Aryeh D. Stein, PhD, del Hubert Department of Global Health, Rollins School of Public Health de la Emory University, de Atlanta, concluyen, “los datos de este ensayo, que sugieren un efecto de la exposición a una intervención para mejorar la nutrición en los primeros años de la vida, que es independiente de cualquier efecto de la escolarización, proporcionan pruebas adicionales que respaldan las estrategias intervencionistas que relacionan las inversiones precoces en niños con las inversiones continuadas en la nutrición en los primeros años de la vida y en la escolarización”.

Sus hallazgos se han publicado en el número de julio de Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine.

Tanto la nutrición como la escolarización son clave

La escolarización es un componente clave para el desarrollo de la capacidad de leer y escribir, comprensión de la lectura, funcionamiento cognitivo y “por lo tanto, del capital humano”, escriben los autores. Por otra parte, los estudios publicados sugieren que, en la primera infancia, un estado de desnutrición se asocia con una falta de rendimiento en las pruebas cognitivas más tarde en la infancia o en la edad adulta. “Por esta razón, es probable que tanto la nutrición como el enriquecimiento intelectual en la primera infancia sean importantes determinantes del funcionamiento intelectual en la vida adulta”.

Entre 1969 y 1977, el Institute of Nutrition of Central America and Panama (INCAP) emprendió un estudio sobre el crecimiento y desarrollo de niños que vivían en cuatro pueblos de Guatemala. Los pueblos se asignaron aleatoriamente a recibir suplementos para los niños que consistían en atole, un alimento de alto valor biológico que contiene incaparina (una proteína vegetal), preparado con leche desnatada en polvo y azúcar, que suministraba 900 kcal/l o fresco, un zumo que suministraba 330 kcal/l, procedentes de hidratos de carbono. El ensayo demostró que la exposición al atole se asoció con una mejora de las tasas de crecimiento y una disminución de la prevalencia de detención del crecimiento y desnutrición a los 3 años de edad.

Desde entonces, se ha efectuado un seguimiento prospectivo de esta cohorte. Para este análisis, los investigadores pudieron obtener información suficiente de 1.448 (68,4%) de 2.118 individuos del grupo de estudio original de 2.392, que, durante dicho período, no habían fallecido. Compararon el funcionamiento intelectual de los expuestos al atole entre el nacimiento y los 24 meses de edad con el de individuos expuestos a fresco o expuestos al suplemente nutricional a otras edades.

Las principales variables de interés fueron las puntuaciones obtenidas en los exámenes de la Serie Interamericana de comprensión de la lectura y en las Raven Progressive Matrices, administrados entre el 1 de mayo de 2002 y el 30 de abril de 2004, cuando los individuos supervivientes tenían una media de 32 años de edad. Mediante una entrevista se establecieron los años de escolarización.

Los autores describen que en los modelos que controlaron los años de escolarización y otras variables pronósticas del funcionamiento intelectual, la exposición al atole entre el nacimiento y los 24 de edad se asoció con un aumento de 3,46 puntos (IC del 95% 0,53-8,18) en la Serie Interamericana y de 1,74 puntos (IC del 95%, 0,53-2,95) en las Raven Progressive Matrices.

Los autores destacaron que no se observó una interacción estadísticamente significativa entre la exposición al atole desde el nacimiento hasta los 24 meses de edad y los años de escolarización para ninguna de estas variables.

Los autores concluyen que “la nutrición en los primeros años de vida se asocia con marcadores del desarrollo infantil en esta población, y la exposición al atole durante la mayor parte de los 3 primeros años de vida se asoció con un aumento de 0,4 años en los logros de escolarización, siendo más potente la asociación entre las mujeres (1,2 años de escolarización). Por consiguiente, la escolarización podría ser la vía causal entre la nutrición en la primera infancia y el funcionamiento intelectual en el adulto.

Según el Dr. Stin a Medscape Neurology & Neurosurgery, aunque no estaba disponible comercialmente, el suplemento nutricional usado en este estudio formaba parte de alimentos ampliamente disponibles (leche desnatada en polvo, incaparina y azúcar). La incaparina, un alimento complementario para lactantes a base de harina de maíz, es de uso difundido en Guatemala. Por consiguiente, los hallazgos de este estudio pueden aplicarse en otros contextos de desnutrición crónica”.

Según refirió el investigador, el equipo del estudio está prosiguiendo sus investigaciones sobre las consecuencias a largo plazo de la mejora de la nutrición infantil.

El estudio se financió con becas de los National Institutes of Health (NIH) y la National Science Foundation. El NIH, la Thrasher Fund, y la Nestle Foundation han financiado la investigación del INCAP Longitudinal Study desde su inicio, según se menciona en el artículo. Los autores no han declarado conflictos de interés.

http://www.medcenter.com/

 

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