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jueves, diciembre 28, 2006

La flora intestinal y la obesidad

Un estudio aporta nuevos factores que influyen en el desarrollo de la obesidad


Madrid, 27 diciembre 2006 (mpg/azprensa.com)
La obesidad es un problema que el los últimos años ha logrado extenderse con rapidez por todo el mundo. En la población infantil, por citar un ejemplo, las cifras nos indicas un ritmo de 350.000 nuevos obesos por año en todo el mundo.

Un estudio realizado por Meter Turnbaugh, investigador de la Universidad de Washington en St. Louis, ha demostrado que la reducción parcial de ciertas bacterias que normalmente forman nuestra flora intestinal, puede sumarse a los factores que influyen directamente a la obesidad, tales como la dieta y el sedentarismo.

El intestino de las personas obesas tiene una composición bacteriana que se diferencia de la de las personas con un peso normal, asegura Turnbaugh. Gracias al estudio, se percibió que mientras se reducía el número de bacteriodetes intestinales, una de las dos clases de las llamadas “bacterias buenas”, que son quienes ayudan en el proceso de la digestión, la enfermedad aumentaba.

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domingo, diciembre 24, 2006

A partir de los 50 años ser obeso aumenta el riesgo de mortalidad

Según un estudio realizado por el Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda, en Estados Unidos, las personas mayores de 50 años que sean obesas, aunque no padezcan ninguna patología crónica ni hayan fumado nunca, tienen entre 2 y 3 veces mayor riesgo de morir en la siguiente década de su vida que las personas de la misma edad en normopeso. Los investigadores del estudio, que acaba de publicar “The New England Journal of Medicine", concluyen también que las personas con sobrepeso presentan, asimismo, un mayor riesgo.

Para llegar a esta conclusión, los científicos han revisado los datos a 10 años de una cohorte de más de 520.000 personas, todas ellas entre 50 y 71 años. A finales de 2005 habían muerto 61.000. Hubo una relación en forma de “U” entre el índice de masa corporal (IMC) y la mortalidad, con el mayor riesgo en las categorías más altas y más bajas de IMC. Se consideró por debajo del peso a las personas con un IMC inferior a 18,5, normopeso entre 18,5 y 24,9, sobrepeso de 25 a 29,9 y obesidad por encima de esta cifra.

Tras excluir a las personas con enfermedad preexistente, la asociación pasó a ser en forma de “J” a los 50 años, con un riesgo incrementado para las personas con sobrepeso u obesas. Además, tras excluir a los que nunca habían fumado, el riesgo de muerte fue incluso mayor en las personas con un peso por encima del normal. En las personas con sobrepeso, pero no obesas, que nunca habían fumado y estaban sanas el riesgo fue un 20-40% superior que las que presentaban normopeso.

Para los autores, los procesos fisiopatológicos que probablemente influyen en la conexión entre IMC y riesgo de muerte incluyen la resistencia a la insulina, trastornos lipídicos, alteraciones hormonales e inflamación crónica.

Obesidad y riesgo de enfermedad

La obesidad consiste en una acumulación excesiva de grasa en el organismo, incrementándose el riesgo de padecer algunas enfermedades y el riesgo de muerte. Esta grasa se puede acumular preferentemente en el abdomen, como ocurre en el varón (obesidad con forma de manzana), o en las caderas y nalgas (obesidad en forma de pera).

El mejor método para saber si un persona es obesa y la gravedad de la obesidad es calcular el índice de masa corporal (IMC) que relaciona el peso con la altura de cada sujeto según la fórmula: Peso (en Kilogramos)/Altura² (en metros). Se considera que un sujeto tiene un peso normal cuando el IMC está entre 18,5 y 25. Si está entre 25 y 30 se considera que la persona tiene sobrepeso y si es mayor de 30 se considera obeso. Un IMC mayor de 40 indica obesidad grave, en cuyo caso el paciente debe recibir tratamiento médico, ya que el riego de padecer diabetes mellitus, enfermedades del corazón y piedras en la vesícula biliar aumenta desproporcionadamente.

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jueves, diciembre 14, 2006

Dieta sin ejercicio se asocia a una pérdida de masa ósea

Someterse a dieta hipocalórica para reducir peso, sin acompañarla de la práctica de ejercicio, no es bueno para la salud, dado que también se asocia a pérdida de masa ósea en la cadera y la columna vertebral.

Es lo que afirman investigadores de la Washington University School of Medicine de St. Louis (Estados Unidos), autores de un estudio publicado en "Archives of Internal Medicine".

Estudiaron los efectos de la pérdida de peso sobre la masa ósea en 30 mujeres y 18 varones, con una media de edad de 57 años. Todos presentaban sobrepeso, pero ninguno obesidad.

Aquellos participantes sometidos a dieta hipocalórica durante un año experimentaron una pérdida de densidad ósea del 2,2% en cadera y columna, mientras que no se observó disminución en aquellos que al mismo tiempo practicaron ejercicio.

Archives of Internal Medicine 2006;166:2502-2510






Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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