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domingo, julio 29, 2007

Actitudes y creencias sobre adelgazamiento

Un reciente trabajo indica que las mujeres y los hombres tienen distintas actitudes y creencias en el tema del sobrepeso. Saber cuáles son los principales errores puede ayudarnos a evitarlos.

La doctora Rosa María Ortega, profesora de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid, ha dirigido el estudio "Preocupaciones, percepciones y hábitos en relación con el control de peso corporal en diversas poblaciones españolas". Contiene interesantes conclusiones.

Las mujeres suelen ser las encargadas de hacer la compra, diseñar el menú de la familia y preparar la comida. Además, se informan más sobre temas de salud y mantienen una relación más fluida con el médico. Sin embargo, paradójicamente, a la hora de adelgazar, incurren en mayores errores que ellos.

En primer lugar, es la estética, y no la salud, la principal motivación de las mujeres a la hora de controlar su peso. Sin embargo, para los hombres, es precisamente la salud lo que más les mueve a vigilar la báscula. Además, las mujeres se guían frecuentemente por fuentes inadecuadas a la hora de afrontar una dieta de adelgazamiento: aunque consultan con el médico más que los hombres, recurren mucho más que ellos a las dietas milagro publicadas en revistas o siguiendo el consejo de amigas.

Probablemente debido a ese error a la hora de buscar información, las mujeres sostienen frecuentemente creencias erróneas acerca del sobrepeso. Por ejemplo, consideran a los hidratos de carbono como el principal enemigo, cuando en realidad deberían suponer entre el 55 y el 60 % de la ingesta calórica. También creen que todas las grasas son igual de perjudiciales, que el pan es más peligroso que la bollería o que conviene disociar la alimentación para adelgazar más deprisa. Por supuesto que estas creencias son erróneas.

Podemos recordar aquí algunos conceptos correctos acerca de este tema tan controvertido. Así, se debe limitar el consumo de fritos y grasas, y evitar el "picoteo". Lo importante no es la pérdida brusca de peso, sino un cambio de costumbres que permita reducir el peso de una forma lenta pero segura y, sobre todo, que nos permita mantenerlo de forma indefinida.

La dieta debe ser variada, respetando un adecuado equilibrio entre hidratos, grasas y proteínas. Debe abundar en pescado, legumbres, huevos, cereales, frutas y verduras. Evitar fritos y optar por alimentos cocidos y a la plancha. Y recurrir al agua como bebida.

También es muy importante consultar con el médico antes de comenzar una dieta de adelgazamiento. Esto nos permitirá, además de reducir nuestro peso, hacerlo sin perjudicar nuestra salud. Y eso, probablemente, es lo más importante.

Fuente: El Mundo, 2007

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sábado, julio 21, 2007

Atracones periódicos pueden ser síntoma de un trastorno

El síndrome del atracón debe reconocerse como un trastorno de la conducta alimentaria más extendido y también más serio de lo que se pensaba. De hecho, puede llevar a la obesidad e incluso al abuso de sustancias como alcohol o estupefacientes.

El síndrome del atracón podríamos definirlo como una tendencia compulsiva a comer de forma incontrolada para, una vez saciados, sentir remordimientos por lo que hemos hecho. A diferencia de los bulímicos, las víctimas del síndrome del atracón no realizan estrategias para eliminar lo ingerido.

Actualmente los especialistas lo consideran como un auténtico trastorno alimentario, al igual que la anorexia y la bulimia. Si bien estos últimos trastornos pueden llevar a situaciones gravísimas, el del atracón, sin llegar a tales extremos, sí puede acarrear consecuencias muy negativas para la salud. Y además está mucho más extendido.

Para que pueda decirse que se padece el síndrome, no vale con caer en el atracón de vez en cuando. Pero si ocurre con cierta asiduidad, en torno a dos o tres veces por semana durante seis meses, debemos empezar a preocuparnos, pues es la frecuencia a partir de la cual los especialistas consideran que se puede hablar de trastorno alimentario.

Un trabajo publicado recientemente en "Biological Psychiatry" indica que en torno a un 2,8 % de la población lo padece, e incluso podría ser un porcentaje mayor. Así, resulta ser mucho más frecuente que la anorexia (0,6 %) y la bulimia (1 %). Pero el trabajo afirma, además, que normalmente está relacionado con la obesidad severa y con otros trastornos psiquiátricos: depresión, fobias, alcoholismo, o abuso de sustancias.

El tratamiento debe hacerse siempre con asistencia médica. Comienza con el reconocimiento por parte del paciente de que padece una adicción. Luego apuntará absolutamente todos los alimentos que ingiere y, posteriormente, hay que analizar la causa de esta ingestión incontrolada, que suele ser psicológica.

Una vez dominada la tendencia se llega a la fase de estabilización, en la que lo que prima es la vigilancia para no recaer. Si asumimos el problema como algo importante podemos ser optimistas, pues en torno a dos tercios de los que inician la terapia alcanzan esta fase.

Fuente: El Mundo, 2007 y elaboración propia

http://www.adelgazar.net/

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martes, julio 03, 2007

Identifican una hormona que evitaría el aumento de peso por estrés

El resultado de la investigación se publicará en la edición digital de la revista 'Nature Medicine'

EE.UU, 3 julio 2007 (mpg/AZprensa.com)

Investigadores de la Universidad de Georgetown en Washington (Estados Unidos) han reconocido una hormona que podría convertirse en una forma de terapia para evitar el aumento de peso que puede inducir el estrés. El resultado de la investigación se publicará en la edición digital de la revista 'Nature Medicine'.

Los científicos han descubierto que una hormona, el neuropéptido Y (NPY), que participa en el control neural de la alimentación podría también estar relacionada con la a la obesidad producida por el estrés. El neuropéptido y que actúa sobre el cerebro para dirigir la necesidad de comer.

Los investigadores, dirigidos por Zofia Zukowska, descubrieron que el NPY de los nervios periféricos puede también ejercer directamente sobre el tejido adiposo, convirtiendo a los ratones en obesos en respuesta al estrés físico o emocional. Este efecto parecía depender de la liberación de otra hormona bien conocida, el cortisol.

De forma destacada, el bloqueo del receptor de NPY sobre las células de grasa evitó la ganancia de peso, lo que apunta a una posible diana para contrarrestar este efecto secundario negativo del estrés.

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